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Una mujer y un hombre en las habitaciones de una casa

Una mujer de espaldas, un hombre de pie a su lado

Nadie retira la mano

Ella se inclina sobre el paño verde de la mesa de billar. Sus nudillos blanquean alrededor del taco. El vestíbulo está en silencio. La luz cenital proyecta un círculo pálido sobre la madera.

Él está de pie detrás de ella. Su sombra se alarga y se funde con la de la mujer. La cadena de su cuello cuelga inmóvil. Sus brazos con tatuajes permanecen a los costados.

El roce del vestido de baño rosado contra la madera es un susurro áspero. La falda de gasa rosa se ajusta a la curva de sus caderas. Sus rizos oscuros caen sobre sus hombros, ocultando su perfil.

Ella mueve el taco hacia atrás y adelante. La punta golpea la bola blanca con un clic seco. Las bolas de colores chocan y ruedan sin rumbo por la mesa. Ninguna entra en la tronera.

Él no se mueve. Sus pies descalzos están firmes en la alfombra. Sus talones blancos destacan contra el dibujo del tejido. Observa la nuca de la mujer, el arco de su espalda.

Ella endereza ligeramente la espalda. Su mano izquierda se posa en el borde de la mesa para apoyarse. Los dedos se relajan. La piel de su vientre, donde brilla el pequeño aro del ombligo, se estira.

Él levanta lentamente la mano derecha. La acerca al espacio entre sus cuerpos. Los dedos extendidos no tocan la cintura de la falda. Se detienen a un centímetro de la tela.

Ella vuelve a inclinarse. Esta vez su postura es diferente. Los codos se flexionan más. La cabeza baja hasta casi tocar el paño verde. El taco ya no apunta a las bolas.

Su mano, la que estaba apoyada en la mesa, cae. Cuelga inerte a su costado. La palma queda abierta, vuelta hacia el cuerpo del hombre.

La mano de él completa la distancia. Los dedos tocan la tela de la falda, justo encima de la cadera. La presión es ligera. No agarra, solo posa.

Ella no se incorpora. Permanece doblada sobre la mesa. Su respiración mueve apenas un rizo que cuelga sobre su frente. Los músculos de sus piernas no se tensan.

Él mantiene la mano ahí. La cadena de su cuello oscila levemente con el latido. Los tatuajes en su antebrazo se distorsionan con el tendón. El contacto no varía en intensidad.

El silencio se prolonga. Un minuto. Luego, otro. Las bolas de billar permanecen quietas en su nueva disposición. La luz no cambia.

Ella gira la cabeza hacia un lado. Su mejilla roza la superficie fresca del paño. Mira hacia la puerta que conduce a las escaleras. Sus ojos no se encuentran con los de él.

Los dedos del hombre se cierran un poco. Toman un pequeño pliegue de la falda y de la parte baja del vestido de baño. No tiran, solo sostienen.

Ella cierra los ojos. Una exhalación lenta sale de sus labios. Su cuerpo se hunde mínimamente, cediendo al peso. El taco de billar resbala de su mano derecha y rueda por el paño.

El sonido del palo de madera golpeando el suelo de madera es sordo y breve. La punta queda apuntando a la pared. El taco se detiene contra la pata de la mesa.

Él responde al ruido. Su mano izquierda se une a la derecha. Ahora ambas manos reposan en sus caderas. Las yemas de los dedos presionan ligeramente la tela elástica del vestido de baño.

Ella mueve los pies. Los tenis blancos giran sobre los talones. Sus rodillas se flexionan, ajustando su postura. Se acomoda en el nuevo equilibrio.

La presión de sus manos aumenta. Ya no es solo un contacto. Es una guía firme, pero no violenta. La dirige hacia atrás, un centímetro, dos.

Ella cede al movimiento. Su cuerpo se desplaza hacia él. Su espalda ahora roza su torso. La nuca queda a la altura de su boca. La falda rosa se arruga entre los dos cuerpos.

La mano derecha del hombre se desliza. Sube desde la cadera hasta el costado de su cintura. La palma se abre, abarcando el espacio entre las costillas y la cadera. El calor de la piel traspasa las telas.

Ella arquea la espalda. Es un movimiento casi imperceptible. Su columna se curva, creando un pequeño espacio entre su vientre y el borde de la mesa. Su cabeza se inclina hacia atrás, tocando el hombro de él.

Él baja la cabeza. Su aliento mueve los pequeños rizos en su nuca. Su nariz roza la base de su cráneo. Permanece así, inmóvil.

Ella levanta las manos. Las junta detrás de la cabeza, enredando los dedos en su propio cabello. Los codos apuntan hacia los lados. Expone completamente la parte posterior de su cuello.

Los brazos del hombre la rodean. Se cierran sobre su abdomen, por encima del ombligo adornado. Sus antebrazos se cruzan. Los tatuajes se entrelazan frente a ella.

Ella apoya el peso de su torso en su abrazo. Sus hombros se relajan. Todo el cuerpo se abandona contra él. La mesa de billar ya no la sostiene.

Él la sostiene. Su cuerpo es el único punto de apoyo. La cadena de su cuello se hunde en la piel de su hombro. La luz cenital ilumina ahora la espalda desnuda del hombre y la cabeza de la mujer.

Así permanecen. Los minutos pasan. El círculo de luz en el piso no se mueve. Las bolas de colores siguen quietas sobre el verde. La posición no cambia.

Ella se acuesta sobre el paño verde

Ella gira sobre los talones. Su espalda roza el borde de la mesa. Se apoya con las manos en el fieltro y se reclina hacia atrás. El peso de su cuerpo se transfiere a los codos.

Él da un paso al frente. Se coloca entre sus piernas abiertas. Su sombra cubre su torso. Él se inclina sobre ella. Sus manos se posan a ambos lados de su cintura, sobre la tela verde.

Sobre la mesa

Ella levanta la pelvis. Desliza el cuerpo hacia el centro de la mesa. Los billares quietos ruedan levemente bajo su nuca. La madera cruje.

Él se inclina más. Su pecho roza el suyo. La cadena de su cuello cuelga y se balancea. Sus manos agarran el borde de la mesa. Los músculos de sus brazos se tensan.

Cambio de posición

Ella se desliza hacia un lado y gira sobre el vientre. La superficie del paño se arruga bajo su cuerpo. Se pone de rodillas en el suelo, frente a la mesa.

Él se endereza. Da media vuelta y se queda de pie ante ella. Mira hacia abajo. Sus zapatos blancos están inmóviles sobre la alfombra.

Ella levanta las manos. Sus dedos se cierran alrededor del cinturón de su pantalón. Tira del material hacia abajo. La tela cede.

Se sienta en él

Él baja por la escalera primero. Se sienta на третьей ступени снизу. Las tablas de madera crujen bajo su peso.

Ella desciende después. Se detiene frente a él. Sus pies descalzos están a la altura de sus rodillas.

Ella da un paso. Coloca una rodilla a cada lado de sus caderas. Se baja lentamente hasta sentarse sobre su regazo. La cadena de él fría contra su vientre.

Este es el orden de los movimientos en los minutos siguientes:

  • Sus manos en sus caderas.
  • Sus manos en su espalda.
  • Su cabeza contra su hombro.
  • El movimiento rítmico de sus caderas.
  • La presión de sus palmas en la curva de su espalda.
  • El roce del bikini rosa contra su piel.
  • El balanceo hacia adelante y hacia atrás.

El movimiento continúa varios minutos. No cambia de ritmo. Luego, él se levanta con ella aún en sus brazos. Suben los escalones restantes.

La puerta de la habitación está abierta. Él entra y la deposita sobre la cama. El colchón cede bajo su peso. Se separa de ella. Se queda de pie junto al borde.

Se sienta sobre él

Ella sube por última vez los escalones. La puerta de la habitación ya está abierta. Él se acuesta boca arriba sobre la cama. Sus talones dejan una marca ligera en el borde del colchón.

Ella se acerca al lado de la cama. Se detiene un momento. Sus dedos rozan la cadena en su cuello. Luego apoya una rodilla en la orilla de la cama. El colchón cede bajo su peso. Sube la otra rodilla. Se coloca sobre él, sus piernas a los lados de sus caderas. Desciende lentamente. Su espalda se arquea ligeramente cuando se asienta por completo.

Una mujer inclinada sobre una mesa, un hombre de pie detrás de ella

La luz de la lámpara ilumina sus hombros. Los rizos de su pelo se mueven con un leve balanceo. Su cuerpo se eleva y desciende. El movimiento es constante, un ritmo que no se acelera ni se detiene. Los minutos pasan. La sombra de los dos en la pared se funde en una sola forma que oscila.

Qué hacía ella Qué hacía él
Se colocaba sobre sus caderas Permanecía acostado
Mantenía el balanceo Sus manos sostenían su cintura
Su cabeza se inclinaba hacia atrás Su respiración movía la cadena en su pecho

Sus manos en su cintura no aprietan, solo están presentes. Los cordones de sus zapatos blancos se deslizan sobre las sábanas. El movimiento continúa, minuto tras minuto. Nada cambia en la habitación, solo la posición de la sombra en la pared. El pie de la lámpara sigue junto a la cama. La almohada permanece arrugada en el cabecero.

Después de un tiempo, ella apoya las palmas de las manos en su pecho. Empuja hacia arriba. Su cuerpo se separa del de él. Se queda arrodillada sobre el colchón un instante, respirando. Luego se mueve, girando sobre sus rodillas. Se coloca sobre sus manos y rodillas, de espaldas a él. Él se incorpora de la cama. Se pone de pie detrás de ella.

Se arrodilla sobre la cama

Ella se coloca de rodillas sobre la colcha. Sus manos se hunden en la tela suave. Él se sitúa detrás de ella.

Los cordones rosados de su bañador contrastan con la piel. La cadena de él oscila en el aire. La habitación guarda silencio.

Se gira sobre la espalda

Ella se desplaza sobre la espalda. El movimiento es lento. El colchón cede bajo su peso.

Queda mirando al techo. Su cuerpo se alinea sobre la cama. Él se mantiene de pie junto al borde.

La luz de la lámpara ilumina los rizos en la almohada. Él baja la mirada. Una rodilla de él se apoya en el borde del colchón.

La sombra de los dos se proyecta sobre la pared. Las curvas del cuerpo se funden con las líneas de la habitación. El aire permanece inmóvil.

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La cama cruje bajo ellos

Él se mueve con un ritmo constante. Su cadera golpea sus nalgas una y otra vez. El sonido sordo se mezcla con el crujido de los muelles del colchón.

Ella mantiene la posición, apoyada sobre manos y rodillas. Su espalda forma una curva. Los mechones de su pelo rizado se pegan a su nudo.

La habitación está en silencio salvo por el ruido de sus cuerpos. La cadena de oro en su cuello se balancea con cada empuje. Las luces de la cadena reflejan la tenue luz de la lámpara.

Sus rodillas se hunden en la cubierta de la cama. Sus palmas aplanan las arrugas de las sábanas. No cambia de postura.

Él coloca las manos en sus caderas. Sus dedos con tatuajes se hunden ligeramente en su piel, justo por encima del borde del bikini rosa. Ella no se aleja.

Un pie de ella, todavía calzado con la zapatilla blanca, se desliza unos centímetros hacia adelante. Busca un mejor apoyo en el colchón. El otro pie sigue en su lugar.

Él ajusta el ángulo de su cuerpo. Su respiración se escapa más fuerte. El ritmo no se acelera, pero la fuerza de sus movimientos parece aumentar.

Ella baja la cabeza por un momento. Su pelo cae hacia delante, ocultando su rostro. Luego vuelve a levantar la cabeza, enderezando la nuca.

Sus cuerpos continúan. El bikini rosa es la única prenda que queda en la habitación. La tela se tensa y se afloja con el movimiento.

El pie que se deslizó vuelve a su posición original. Ambos pies quedan paralelos otra vez. Las rodillas de ella mantienen la misma separación.

Él retira una mano de su cadera. La lleva hacia adelante, por el costado de su torso. Su mano desciende por su estómago, rozando el pequeño aro del ombligo.

La mano se detiene allí. Los dedos no presionan, solo reposan sobre el metal frío y la piel caliente. Ella inhala profundamente.

El movimiento cesa de repente. Él se queda quieto, inclinado sobre su espalda. La habitación se sume en un silencio abrupto. El único sonido es el de su respiración agitada.

Ella permanece en cuatro apoyos, inmóvil. Espera. La mano en su vientre no se mueve. Los segundos pasan.

Él se endereza lentamente. Sus manos se apartan de su cuerpo. Da un paso hacia atrás, saliendo de ella. Sus pies descalzos pisan la alfombra.

Ella se sienta sobre sus talones. Se gira para mirarlo. Se pasa una mano por el pelo, apartándolo de la cara. El contacto se ha roto.

I'm Eva Stottler.

After being asked daily for my recommendations on pretty much everything and hearing over and over again that living a healthy lifestyle is too expensive and overwhelming, I decided to create this website to share my favorite tips and bring valuable resources into one place. I also want you to have fun and enjoy the journey along the way.​